Íntimo desconocido

Cae la noche sobre el asfalto, todas las ventanas y balcones del ático están abiertas sin que por ello corra una brizna de aire. La ciudad está a medio gas: quien puede huye de la capital durante los meses de indomable calina. Victoria teclea con la mirada fundida en la pantalla de su portátil. Está cómodamente falcada entre almohadones sobre una enorme cama vestida con sábanas blancas. El ventilador de techo gira a su máxima potencia produciendo un pequeño chasquido. Se trata de un fallo mecánico que afecta a todas las unidades de esa misma serie. Sin embargo, a Victoria no parece incomodarle. Es probable que ni siquiera lo perciba desde hace bastante tiempo. En un momento dado entra Mario, su marido, tarareando una de esas canciones de moda. A la altura del estribillo reproduce el sonido de un trombón de varas acompañando la interpretación con movimientos istriónicos de brazos y tronco. Victoria sonríe mientras le dirige una mirada fugaz sin dejar de atender al texto de la pantalla. Mario se quita la camiseta, quedando en calzoncillos, y ocupa su lado de la cama. Ella retoma la escritura. Él programa el despertador y le da un beso en el hombro antes de dejar caer definitivamente la cabeza sobre la almohada en un gesto de total abandono físico.

-¿Y de dónde dices que ha salido el tipo ese?
-¿Cómo? Lo conocí en un campamento de verano hace una eternidad, cuando éramos adolescentes. Luego nos estuvimos escribiendo durante varios años…
-¿Varios años?
-Sí, hasta que empezamos la Universidad. Entonces fuimos espaciando las cartas cada vez más y llegó un día en que dejamos de hacerlo.
-Y hasta hoy.
-Bueno, me escribe desde hace unas semanas.
-¿Y qué te dice?
-Pues me está contando su vida… Bueno, nos estamos contando la vida.
-¿Le estás contando tu vida a un desconocido? No me lo puedo creer…
-Vaya, dicho así suena fatal, nos conocemos hace un montón de años.
-Un montón de años. ¡Y tanto! Es un amor de la adolescencia.
-¿Cómo un amor? Oye, que yo no he dicho eso.
-Ya sé que no lo has dicho… Lo digo yo.
-Te estás pasando, ¿no crees?
-A ver si lo he entendido bien: dos adolescentes se conocen en un campamento y se escriben cartas durante años. Blanco y en botella.

Victoria ha parado de escribir, aunque mantiene ambas manos desplegadas sobre el teclado manifestando su intención de continuar con la tarea cuando finalice la charla.

-Qué tonto eres…
-¿Nunca os volvisteis a ver?
-Bueno… Cada año hablábamos de volver al mismo campamento, pero siempre había algo que fastidiaba nuestros planes… Luego él quiso visitarme un verano, pero sus padres no le dejaron. Cuando no estaba castigado era por falta de pasta y… en fin, nunca más.
-¿Tú te estás oyendo? Está claro: ese señor que quiere ligar contigo no es ni más ni menos que tu amor platónico de juventud.
-¿Ligar? ¿Pero por qué dices eso? ¿Por qué lo ves así? No entiendo nada. Siempre es lo mismo, creemos que tenemos una mentalidad muy avanzada pero en cuanto un hombre y una mujer entablan amistad se piensa que ahí hay algo más, que alguno de los dos está buscando algo.
-Oye, no te enfades, a mí no tienes que darme explicaciones. Tú sabrás lo que haces, pero un tipo que te localiza a través de una red social, que de repente te escribe todos los días, te cuenta su vida y milagros, no sé… ¿qué otra cosa puede ser? Es la típica estrategia. ¿No te das cuenta?
-¿Estrategia?

Victoria recoloca las almohadas, el análisis de Mario amenaza con poner al descubierto los hilos del truco que ella se ha empeñado en pasar por alto todos estos días. Él realiza una impecable argumentación tan bien traída que apenas resulta creíble que esté improvisando. Ella divide su mata de pelo en tres haces con los que teje una trenza que no termina, dirige su mirada hacia las erráticas vetas del armario ropero y se pierde en las décadas de un bosque salvaje y remoto.

-¿Está divorciado?
-¿Cómo? No, separado.
-Ya.
-Ya, qué.
-Pues que está claro: cuarenta y tantos, separado, tal vez con hijos, con ganas de iniciar una nueva relación… Habrá visto tus fotos en la red y habrá pensado qué será de esta chica, tan guapa y simpática…
-Seguro, exactamente eso debe haber pensado.
-¡Pues claro que lo ha pensado! Eres guapa y simpática. Además seguro que él no ha envejecido tan bien como tú.
-Hablas como si fuéramos ancianos.
-No, pero ya no tenemos dieciséis. Se está haciendo mayor y lo sabe.
-¿Y no crees que hubiera buscado a otra chica más a mano en caso de querer algo? ¡Vive a cientos de kilómetros!
-No sé, hay gente con gustos muy variados, algunos tirando a insólitos, igual quiere cibersexo, o qué sé yo, la emoción de los viajes furtivos, o un nidito de amor en terreno neutral… ¿Tú qué piensas?
-¡Pienso que ves demasiadas series!
-¡Ja!
-Él está pasando por un mal momento. Por su carácter no le debe resultar fácil entablar nuevas amistades y, mira tú por dónde, le ha sonado la flauta. Contactó conmigo y resulta que le contesté.
-Y para colmo vas y le cuentas tu vida. Eres un auténtico chollo.
-¡Joder, deja de hacerme sentir como una pardilla!
-Me sorprende, en serio, me sorprende de alguien como tú. No te juzgo por ello, pero no me encaja para nada.
-Sí lo haces. Me estás juzgando.

Mario se incorpora y le da un sorbo al vaso de agua que hay sobre la radio antigua que utiliza como mesita de noche. Lo deja de nuevo sobre el posavasos. Entonces se acomoda de costado y le pregunta buscando su mirada:

-¿Crees que esta historia es lo que necesitas? Me refiero a que no sé qué repercusión puede tener desde el punto de vista de tu estabilidad emocional…
-¡No eres mi terapeuta!
-Sabía que lo ibas a decir, pero no querrás que me calle lo que pienso.
-No, claro. Si no me importara tu opinión no te habría contado toda esta historia.
-¿Y por qué lo has hecho? ¿Por qué me lo has contado? ¿Pensabas que iba a limitarme a escucharte sin más? Igual no deberías haberme contado nada.
-No sé, es raro.
-Raro.
-Sí, nunca había hecho algo así.
-Y además estás enganchada.
-¿Qué quieres decir?
-Te he visto con el móvil…
-Bueno, me escribe mensajes más gente, ¿sabes? Mi familia, los amigos…
-Ya.
-Se interesan por mí.
-Claro, claro…
-¡Otra vez ese tono!
-Eres tú la que se siente juzgada, tú sabrás por qué. Yo no había dicho ni mu, a pesar de que desde hace un tiempo te llegan avisos al móvil a toda hora. Te encierras en el baño con él y te pasas horas allí dentro.
-¡Pero qué dices!
-¿Quieres decir que no es verdad? Tú siempre has pasado bastante del teléfono, te lo dejabas olvidado en casa o lo llevabas en silencio cuando habíamos quedado en darnos un toque para vernos. No pasa nada, pero es verdad, tu actitud ha cambiado.
-Me paso los días en casa… No hablo con nadie. ¡Estoy aislada!
-Te sientes sola.
-Pues sí, la verdad, a veces me siento sola. ¡Tú vas tan liado! Y echo de menos conversar con alguien sobre la vida, sobre mis inquietudes.
-Antes solías decirme que en tu trabajo hablabas con tanta gente que al llegar a casa sólo te apetecía estar sola, comer en silencio o escuchando la radio y quedarte un rato en blanco hasta que ibas a buscar a los niños al colegio.
-Sí, es verdad. Ahora es justo lo contrario, me retumba el silencio en la cabeza.
-¿No será que los echas de menos? Llevan ya casi tres semanas en la playa con tus padres. Si quieres podemos ir a pasar el fin de semana con ellos.
-Sí, los echo de menos. Pero no es eso…
-¿A qué te refieres?
-No es fácil de explicar. Es por las conversaciones. Me refiero a hablar con un adulto. No sé, esa sensación de que alguien te está escuchando y se interesa por comprender lo que te pasa.
-No te entiendo, no sé por dónde vas.
-A veces hasta que no cuentas algo que te está pasando no eres totalmente consciente de cómo te afecta. Hablar con él me hace reflexionar, me ayuda a aclarar mis pensamientos.
-Ya.

La luz del portátil ilumina el rostro de Victoria. Hay algo de espectral en el reflejo azulado que devuelve su piel tersa. Mientras se concentra para ordenar sus pensamientos advierte la presencia de un icono parpadeante en el margen inferior derecho de la pantalla. Como un acto reflejo pone el cursor sobre el aviso y aparece un cuadro de diálogo: Buenas noches, amiga. ¿Estás ahí? Ella continúa con su explicación.

-Hablar con él es como un diálogo interior. Pero es mucho mejor, porque no es interior, hay otra persona al otro lado que se implica en lo que le cuento, se toma interés por mí y me ayuda a pensar. Es una situación única, él no tendría por qué tomarse tantas molestias en comprenderme, en ponerse en mi piel, en tratar de entender por lo que estoy pasando… y sin embargo lo hace. Lo hacemos los dos y surge de una manera natural. No es el camino hacia ninguna parte, no es el comienzo de nada. Simplemente es lo que es: dos personas adultas que se escuchan, se hablan y disfrutan con ello. No sé si me entiendes.
-No. La verdad es que no entiendo nada. Me encantaría, pero tal vez no soy tan comprensivo como tú crees.

Mario ha vuelto a tumbarse, desliza el cuerpo entre las sábanas en busca una postura cómoda para seguir hablando. Bosteza sin poder evitarlo y se pasa las manos por el cabello con los dedos largos y robustos abiertos. El cabello negro, abundante, hirsuto queda dispuesto en media docena de surcos, pero pronto se disuelven en un conjunto de remolinos desordenados tras darle un masaje al cuero cabelludo. Lucha por encontrar las palabras adecuadas para esta ocasión a pesar de las horas y el cansancio.

-Tengo que reconocerlo: me cuesta asumir que la persona a la que más amo en el mundo sufre toda esa soledad y frustración a mi lado. No comprendo por qué necesitas ese desahogo, esa válvula de escape que, por otra parte, me resulta tan… inverosímil.
-¿Por qué inverosímil?
-Sí, el tipo ése. Por lo que me cuentas no tiene nada que ver con nosotros. No es en absoluto… Cómo decirlo… ¡No es de los nuestros!
-¿Pero eso qué importa?
-¡Venga ya! ¿De verdad te llena tanto contarle tu vida a un tipo que no tiene nada que ver contigo? ¿Eso es lo que te sana y te ayuda a escapar del pozo negro en el que vives secuestrada? ¿Tú te has planteado en qué lugar me deja a mí todo esto?
-¿Eso es lo que te preocupa? ¡No eres más que un egocéntrico!
-¿Egocéntrico?
-Además… ¡no soporto oírte hablar de él como si lo conocieras!
-Tienes razón, no lo conozco. Admite que tú tampoco, pero yo mucho menos. Es verdad. Sin embargo, mira, hagamos un experimento. Esta es una pregunta que tal vez no te hayas hecho en medio de todas tus reflexiones: ¿A quién crees que vota tu amante digital?
-¿Amante digital? ¡Esto es el colmo!
-Perdona, ÉL, el tipo. Álvaro… ¿no? ¿A quién crees que votará Álvaro en las próximas elecciones nacionales?
-Espera un momento, yo no te he dicho que se llame Álvaro.
-Sí lo has hecho.
-No he mencionado su nombre para nada.
-¡Claro que lo has hecho! Entonces qué soy, ¿adivino? Lo dijiste antes. Venga, no desvíes la atención y contesta a mi pregunta.
-¿Que a quién vota?
-Exacto: a quién vota. ¿Te cuesta imaginarlo o te cuesta admitirlo?
-Me parece absurdo, simplemente. Yo no voy por ahí preguntándome a quién vota la gente.
-Claro, porque cuando eliges a tus amistades aplicas el famoso filtro del denominador común. ¡Como hacemos todos!
-¡No puedes evitar llevar todas las discusiones a tu terreno!
-Deja de escurrir el bulto, Victoria… ¿A quién vota, cariño? Es una pregunta fácil y concreta.
-¡No quiero hacerme esa pregunta! Primero me juzgas por caer en la trampa de las redes sociales y ahora esto… Es que no quiero saber a quién vota. Hasta me parece superficial plantearme algo así, no viene a cuento.
-¡No viene a cuento! Ya veo…
-¡Es patético!
-Ya. Mira, son las tres de la madrugada y dentro de cuatro horas me levanto para ir a trabajar. Mañana hay rueda de prensa. Me las tendré que ver con una panda de buitres a la caza de un buen titular para inaugurar el curso.
-Estás enfadado.
-No, de verdad que no. Sorprendido sí, es cierto, pero no estoy enfadado. Para nada. Voy a dormir, dame un beso, ven aquí… Intentaré no hacer ruido por la mañana.
-Me he puesto el despertador a las siete, voy a salir a caminar.
-¿Apagas ya el ordenador?
-Sí, ahora enseguida. Acabo unas cosas y apago.

Hola, hola… Bella durmiente… Álvaro insiste desde el otro lado. Sabe que está activa porque la aplicación informática le devuelve una luz verde que parpadea tras su última intervención. Victoria, por fin, contesta: ¡Hola! ¿Qué tal? A él parece extrañarle que haya tardado tanto en responder. ¿Molesto? ¿Estás ocupada? Victoria escribe al instante: Qué va… Estaba leyendo pero iba a dejarlo ya / Vaya, vaya, eso quiere decir que ya ha remitido ese horrible dolor de cabeza. Por cierto, ¿cómo has quedado con el médico? ¡Casi me olvido de preguntarte! / Pues no muy bien, según me lo ha pintado tengo reposo para rato…

-¿Estás hablando con tu amigo?
-No, qué va. Estaba echándole un vistazo a un texto.
-Vaya, has vuelto a escribir…
-Bueno, no exactamente, mi hermana me ha pedido que lea su último guión.
-Pues yo creo que harías bien en retomar tu novela ahora que tienes tiempo.
-Igual voy a Barcelona para revisar el guión juntas.
-¿A Barcelona? ¿Pero crees que es una buena idea viajar así en tu estado?
-Sí. Me apetece. Me vendrá bien cambiar de aires y aprovecharé para ir a ver a mi madre.
-Ya.
-¿Tampoco te parece bien que vaya a Barcelona?
-¡Por favor! ¡Pero qué es esto! Hablas de mí como si fuera un… Como si yo… Si te oyera cualquiera que no me conozca, pensaría que…
-Pensaría que estás celoso.
-¿Celoso yo?
-Sí, eso he dicho, celoso.
-¡Esto es increíble!

Mario se da la vuelta en la cama. Arrastra consigo el trozo de sábana que le corresponde en un acto de carácter simbólico, pues el calor es aberrante. Victoria vuelve a su conversación: ¿Ya se han ido los niños con tu ex? / Sí, ha venido su madre esta tarde a buscarlos. Estaba hecha una furia por no se qué asunto de su bufete y cuando le he contado lo de los piojos casi le da un síncope / Bueno, ni que fuera culpa tuya, igual los traían ya cuando te los entregó / Pues lo más seguro, los piojos casi siempre se cogen en el colegio y es ella la que se empeña en llevarlos a la maldita escuela de verano / He oído que las farmacéuticas cultivan plagas artificialmente y las esparcen por los colegios para generar epidemias y vender más productos / ¿Tú crees? Suena a leyenda urbana… / Pues a mí me suena a negocio redondo, ¿tú sabes lo que cuestan esas lociones? / Por cierto, Vicky, ¿has pensado en lo de Barcelona?

-Así que crees que estoy celoso de un tipo pusilánime y arruinado que se dedica a llorar por los rincones de la red a la espera de que caiga alguna mosquita muerta.
-¡Qué ingenioso! Mira, vamos a dejarlo. Creo que esta conversación no nos hace ningún bien. No sé para qué te cuento nada. Debería habérmelo guardado. Como haces tú, que no cuentas nada.
-¿Cómo que no cuento nada?
-¿Hace cuánto que no me cuentas algo que realmente te importe?
-Me importas tú. ¡Eso es lo que realmente me importa! Y vivo pendiente de ti, procurando que lo tengas todo a favor para llevar una buena vida. ¿Te parece poco? Lo demás es trabajo, que intento no traerme a casa, son los niños, las idas y venidas de las extraescolares, las compras en el supermercado y alguna que otra multa por aparcar en la zona de carga y descarga. Apasionante, ¿no?
-Vives esclavizado.
-¡Eso lo dirás tú!
-Pues hablas de tu vida como de una pesadilla.
-La verdad es que no. Soy feliz así, en mi humilde y prosaica rutina. Me gusta hacer la compra al salir del trabajo, me relaja. Cocinar para ti y para los niños, pasar el fin de semana tranquilo en casa con vosotros… Debo ser un tipo de lo más soso.
-A veces me da por pensar qué hubiera sido de ti si no te hubieras casado conmigo. Un hombre interesante, atractivo, brillante… ¿Te arrepientes? No te molestes, te lo pregunto sin maldad, con el corazón en la mano.
-Me lo preguntas porque necesitas que te vuelva a decir una vez más que no cambiaría ni una sola coma de mi aventura contigo, que tenemos dos hijos maravillosos a los que adoro y que tengo muchas ganas de verte radiante otra vez.

Victoria mira a Mario en contra picado desde su atalaya tras el emblema de la manzana mordida. Mientras él bromea ella calibra la distancia que puede caber en los pocos centímetros que los separan.

-O me lo preguntas, tal vez, porque en el fondo piensas que me has destrozado la vida. Que si no sales de ésta me vas a dejar pringado, con dos niños a los que sacar adelante y una deuda vitalicia por culpa de los abusos farmacéuticos.
– …
-O entonces, quién sabe si me lo peguntas porque eres tú la que se arrepiente de todo y lo que realmente te apetece es fugarte a vivir la vida loca con un señor de Lugo que, vete tú a saber por qué, te interesa mil veces más que yo.
-¡Deja de decir tonterías, por favor!
-O a lo mejor me lo preguntas porque…
-¡Para ya, Mario! En serio. Y no me hagas eso con las uñas de los pies: me da grima.
-Venga, apaga de una vez y vente conmigo…
-Dame un minuto.
La respuesta de Victoria se está haciendo esperar. Álvaro insiste: ¡Qué pena!, veo que lo de Barcelona no te hace mucha ilusión… / Perdona… Se me ha ido el santo al cielo / Si quieres lo hablamos mañana, debes de estar muy cansada… / Sí, la verdad es que lo estoy / Está bien, mañana más. Bona nit, princesa / Bona nit / Descansa.

Mario se levanta y va al cuarto de baño. Desde la cama se escucha una abundante y prolongada micción dirigida justo al centro de la oquedad del sanitario que trae a Victoria de vuelta aquí y ahora. Cierra el ordenador y lo deja en el suelo. Apaga la luz después de lanzar todas las almohadas a los pies de la cama. Se acuesta hecha un ovillo. Sus escasos cincuenta quilos repartidos a lo largo de un metro setenta de estatura quedan recogidos en un pequeño fardo de huesos y piel canela. Cuando él vuelve a la cama la abraza por la espalda y se duerme al instante. Al poco rato empieza a roncar. Victoria, que sigue despierta, desenreda su cuerpo del abrazo y se tumba boca arriba con los ojos abiertos. Entonces repara en el ventilador: ese ruidito.

4 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s