Ático izquierda

 

– Yo, si tuviera una agencia de publicidad, también te contrataría a ti para repartir propaganda…
– Uy, qué susto. Buenos días, no te había visto.
– ¿No te cansas?
– ¿Cómo?
– Que si no te cansas. De meter mierda en los buzones…
– Son las mejores ofertas del otoño.
– ¿Has visto? Lo sabía, se te ve en la cara. Eres el empleado ideal.
– Vaya…
– Me refiero para un trabajo como ése. Eres el típico tío incapaz de tirar toda esa basura al contenedor y pirarte a casa a ver Netflix.
– ¡Mujer! ¿Cómo iba a hacer eso?
– Ahora vas a decirme que te gusta tu trabajo.
– Bueno, no está mal. Son ocho horas al día, me pagan las vacaciones y tengo seguridad social. Sábados sólo por la mañana. ¿Estás buscando trabajo?
– ¡Qué va!
– No sé, tanta pregunta… 
– Es que me flipa la gente como tú ¿sabes? Te he visto un montón de veces. Vives por el barrio. ¿A que sí? Antes sacabas a pasear a tres o cuatro galgos. Es curioso, porque dicen que los perros se parecen a sus amos, así que yo tenía la teoría de que esos perros no eran tuyos.
– Vaya, no sé qué decir.
– Hombre, tú sabes la pinta que tienes, ¿no?
– Pero no creo que haga falta ser tan borde.
– Borde sería ignorarte, como seguro que hacen la mayoría de las chicas que se cruzan contigo.
– Pues tengo novia.
– Ya lo sé, la he visto… Ahora hace tiempo que no coincidimos en el supermercado.
– La operaron, no puede salir a la calle. De la cadera. El mes que viene nos dan la silla. Cuando acaben la rampa del portal saldremos a pasear. Un poco de sol no le viene mal a nadie.
– Claro, haces bien. Tus ocho horitas, tu paseíto con la novia. Vitamina sol. El caniche atado a la silla de ruedas… Gloria bendita.
– Tú eres muy desagradable, ¿no?
– Estoy jodida.
– ¿Y por eso tratas así a la gente?
– A ver, ¿Qué te he dicho que no sea verdad? Porque tu novia tiene un caniche, ¿o no?
– Pues sí, tiene un caniche.
– ¿Entonces?
– ¿Qué es lo que te molesta, que tenga novia, que sea obeso, que mi novia tenga un caniche, que le hayan operado de la cadera o que reparta propaganda?
– No me molesta nada. Eres tú, que lo coges todo por el lado que quema.
– Ya, yo.
– Lo primero que te he dicho es que si tuviera una agencia de publicidad te contrataría sin dudarlo.
– A mí no me contrata ninguna agencia.
– ¿A no?
– No.
– ¿Entonces?
– Me contrata la cadena de electrodomésticos.
– ¿En serio?
– Pues sí. Yo antes estaba de jardinero. Diseño de jardines. Me iba de puta madre. Pero me llamaron estos y me dijeron: tienes que venirte, queremos que nos repartas tú, así de claro, es que no queremos a otro. Y me hicieron la oferta.
– Entiendo.
– A mí la jardinería es lo que me gusta. Vaya, es lo mío, que hice el ciclo. Pero la publi es todo el año. Y lo otro igual sube que baja. Más el autónomo. Y mi novia dijo, pues ya sabes, si nos queremos casar hay que ahorrar. Además, hemos visto un piso.
– Ostras, tío, no sigas, no sigas… Para, por favor, no quiero saber más. Quiero decir, perdona, lo siento. ¿Vale?
– ¿Y ahora qué te pasa?
– He sido una hija de puta, una imbécil. Disculpa.
– Joder, no entiendo nada. Ahora que empezábamos a tener una conversación normal.
– Yo soy profesora.
– Ya.
– ¿Lo sabías?
– Del Ramón Llull. Le diste clase a mi novia. Un día me estuvo contando.
– Déjalo ya, ¿vale? Prefiero que no sigas.
– ¿Y ahora qué pasa?
– Nada. Vamos a dejarlo aquí, ¿de acuerdo? Otro día, tal vez, si quieres, si volvemos a encontrarnos podríamos empezar de nuevo, ¿vale? Incluso podríamos tomarnos un café. Cuando le den la silla a tu novia. Eso, cuando le den la silla damos una vuelta y nos tomamos un café. O un chocolate con churros.
– Va la quinta en la lista de espera, pero lleva dos semanas que no avanza. La gente pilla la silla y no la suelta, aunque no la usen. Porque yo sé de una que no sale a la calle así la maten, pero ahí está, despanzurrada en la silla como una reina, venga a chupar tele.
– Ya ves, cada uno se aferra a lo que puede.
– ¿Cómo?
– No. Nada, tengo que marcharme. Ahora voy a subir y voy a hacer lo que tengo que hacer.
– Ya, claro.
– No metas propaganda en mi buzón, ¿vale?
– Tranquila. Es el Ático izquierda, ¿no?
– Sí.
– Adiós.
– Saluda a tu novia.
– De tu parte.
– Y a los galgos.
– ¡Qué va! A esos los tuvieron que sacrificar. No eran míos. Cogieron la leishmaniosis, menuda movida…
– Vaya, lo siento.
– Son cosas que pasan.
– Saluda al caniche entonces.
– ¿Al Robe?, vale.
– Me voy.
– Venga, nos vemos.
– Adiós.
– ¡Suerte!
– Gracias. No te mojes mucho. Acaba de empezar a llover.
– Tranquila, estoy acostumbrado.
– Claro.
– Hasta luego.
– Adiós, adiós.

 

Cuento de Susana Heras para minimaLITERARIA. Ilustración de Pau Domingo.

8 Comentarios

  1. Gracias, Medín. Es sólo un ejercicio de oído, pero se agradece el feedback. Cuando era pequeña me gustaba mucho jugar a las compras. Dice mi madre que me pasaba horas hablando con la pared. Esto de escribir tiene algo de aquel delirio… Un abrazo

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    1. Gracias, Julio, por tu comentario. La verdad es que no me identifico con el personaje femenino de este diálogo. Creo que en un momento dado puedo llegar a tener algún pensamiento parecido, por ejemplo con respecto al conformismo vital de algunas personas, pero la forma en la que trata al chico me parece fatal. Tampoco soy muy irónica… Pero la mujer del cuento sí 😉

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  2. Acabo de salir del cine de ver ‘Sentimental’, me ha encantado, los diálogos son buenísimos, cómo muestra la psicología de los personajes… Al llegar a casa he leído este relato y he tenido la sensación de volver a la película aunque sea otra la historia… Gracias!

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  3. Gracias, Maite. Apuntada la peli, me encanta lo que dices con respecto a los diálogos: qué gran motivación. Desde hace algún tiempo empecé a escribir diálogos como práctica habitual de escritura. Algunos son reflejo de conversaciones pescadas al vuelo, otros suceden en mi cabeza y hasta hay algunos que son fruto de ambas cosas. Empecé un verano, hace algunos años, porque disponía de poco tiempo para escribir, pero yendo por la calle me abordaban frases, ideas, diálogos llenos de posibilidades literarias. Esto, como casi todo lo que hago, no va a ningún sitio. Pero tengo páginas y páginas escritas con gente hablando. Gente que dice cosas. ¡Gente que me habla! Me alegro de haber compartido este fragmento contigo y que te haya contado algo. Por cierto, qué título: “Sentimental”.

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