Ejercicio

[Octubre de 2013. De cuando empecé a escribir textos literarios otra vez después de muchos años sin hacerlo]

El ejercicio no es más que eso, un ejercicio. Parece obvio pero me estaba haciendo falta recordármelo, pues en parte el bloqueo en el que me encuentro creo que está relacionado con el hecho de que últimamente parece como si me estuviera empeñando en que me guste lo que escribo. Y esa puede ser mi perdición. Incluso me he descubierto elucubrando en torno al posible mensaje que transmite el texto. En un principio no se trataba de eso en absoluto. La cuestión era escribir una historia cuyo valor específico fuera precisamente tener un comienzo y un final. Ser un texto completo. Y punto. Es decir, como el aprendiz de alfarero que se enfrenta a la práctica de moldear una vasija con la finalidad de ejercitarse en el manejo del torno. Deberá aprender una serie de pasos para elaborar la pieza y trabajarla, incluso, en la cuestión de los acabados, de tal modo que lo que resulte al final sea algo lo más parecido posible a una vasija, sin importar en exceso otros aspectos como la resistencia del recipiente o su belleza. Basta con que presente la apariencia de una vasija. Y esto es lo que me propuse exactamente con El ejercicio, escribir algo que tuviera todas las características de un relato de suspense sin reparar en que la historia fuera más o menos brillante. Eso son palabras mayores y yo sólo estoy empezando. No quiero plantearme metas inalcanzables. Si pretendo llegar a escribir algún día un buen relato tendré que ejercitarme, volcarme en la práctica y dedicarle tiempo. Un tiempo pautado, disciplinado, más allá de los ratos sueltos que dedico a mis cuadernos […]

A su vez la nueva perspectiva, el estar tanteando el camino de la creación literaria, por llamarlo de alguna manera, alimenta otras facetas importantes de mi vida. Ya hace tiempo que venía sintiendo un fuerte hastío en mi trabajo. En ciertos momentos me he percibido como una domadora de fieras: hay que lograr que pasen por el aro de fuego, hay que evitar que te muerdan, o que se muerdan entre ellas. En otras ocasiones, dependiendo de los grupos y de los programas educativos con los que trabajo cada curso, me he sentido más como una entregada voluntaria carente de recursos. Mis alumnos son gente joven herida por contextos familiares demasiado violentos y experiencias devastadoras. Enseño a escribir a muchachos ágrafos casi adultos que han llegado a mi país en busca de un futuro mejor; trato de motivar a adolescentes disidentes de la importancia de obtener el graduado escolar para poder aspirar a un trabajo digno. Algunas de ellas han sufrido maltrato reiterado en sus familias o de la mano de sus parejas. Me miran desde lejos y les oigo pensar: no tienes ni puta idea, profe. Y tienen razón; estudio ortografía y trabajo la comprensión lectora con chicos y chicas que consumen importantes cantidades de marihuana a diario. Empezaron demasiado jóvenes, los efectos son demoledores. Recuperar una relación distinta con la escritura me da energía, me hace pensar que puedo llegar a ser una profesora de lengua y literatura, o de comunicación, o de lo que sea, no importa. La cuestión es que me siento más cerca del lenguaje. Las palabras me acompañan, me arropan. Me siento menos sola […]

En Nada se opone a la noche (es el libro que acabo de leer) la autora se tira a una piscina llena de cocodrilos hambrientos. La familia, los recuerdos y los dramas domésticos silenciados: suicidios, malos tratos, violaciones. Desconozco hasta qué punto la novela de De Vigan es autobiográfica, desde luego yo la he leído como tal. Cuando pienso en cuánto sufrimiento hace falta, cuánto dolor propio y ajeno para llegar a una historia tan potente y devastadora, concluyo que yo no sé si sería capaz de sobrevivir a tanta intensidad. Pero en esta novela sobre todo lo que hay es una gran maestría literaria. Y toneladas de honestidad. La autora se ha enfrentado a sus fantasmas sin artificios y eso siempre es una garantía para llegar hasta el lector. No sé si alguno de los miembros de su familia disentirá de alguna de las partes del texto. Es algo en lo que siempre pienso cuando me aproximo al campo de la autoficción. En el caso de que algún día me sienta preparada para abordar una temática que me toque en lo más profundo, que me concierna de verdad, creo que escribiré sobre mi trabajo. Es un tema que constituye una preocupación real para mí y que abarca muchos niveles distintos. Adentrarme en ese territorio me obligaría a desnudarme, a mirarme en un enorme espejo que no deje ningún ángulo muerto. Y al mirarme en él con verdad, con los ojos limpios, tal vez llegaría a ver a alguien que todavía no conozco. No sé por qué escribo esto… Estaba pensando en El ejercicio y en todas las cosas sobre las que estoy reflexionando a partir de la escritura de este relato.

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