Escollos

[Marzo de 2014. De cuando estuve con Virginia Woolf en mi habitación. Reflexiones sobre la creación, el tiempo y el dinero]

Estoy pensando en la vida de algunos de mis amigos y en su labor creativa. J escribe canciones conmovedoras. Son perlas, esencia condensada al destilar situaciones que ha vivido, pero que acaba reduciendo de tal manera que cientos de personas se emocionan al sentirse identificadas. Me gusta cómo escribe. Algunos de sus textos podrían echarse a andar solos, incluso volar. Sin embargo, hay otros que despojados de la melodía quedarían rápidamente absorbidos por el asfalto, como cuando caen cuatro gotas en mayo. Siguen siendo magia.

Solemos mantener largas conversaciones sobre el hecho de escribir. Compartimos además cierto interés por Karl Ove Knausgard (creo que a Virginia no le gustaría nada que este señor se colara en una reflexión inspirada por ella. Aunque, pensándolo bien, puesto que consideraba superada su furia hacia lo masculino, tal vez, hasta le hiciera gracia). En La muerte del padre le dedica largos pasajes a explicar la cantidad de tiempo que requiere y lo agotador que puede llegar a ser ocuparse de los hijos. Él lo explica con todo lujo de detalle, como si considerase que si él ha tenido la santa paciencia de cargar con todo eso, por qué no íbamos a tenerla los lectores para aguantarle el rollo […]

Lo cierto es que cuidar de los hijos y dedicarse a cualquier labor creativa es complejo. Pienso ahora en Q, con todos sus proyectos gráficos y literarios y sus dos pequeñas, una de ellas con una discapacidad que conlleva un grado de dependencia total. Pienso en M y C, los dos dibujantes y guionistas, con una situación muy parecida a la de Q. O en A y M, artistas en múltiples disciplinas, con épocas de largos y pesados rodajes o giras, un proyecto musical, la pintura, el diseño… y dos hijos. También en J.L. padre, editor e impulsor de los más luminosos proyectos literarios, familia numerosa y un gran compromiso social.

Supongo que cada uno de ellos se lo monta de una manera distinta, tienen un grado de apoyo externo determinado y se emplean más o menos a fondo con sus hijos. Lo cierto es que todos se ven en la situación de tener que conjugar el desarrollo de sus carreras artísticas, el cuidado de los hijos y, en muchos casos, un trabajo que aporte estabilidad económica a la familia, puesto que ninguno de ellos cuenta con las quinientas libras anuales que garanticen sustento, cobijo y vestido. Esa herencia de la tía Mary Beton en forma de sueldo vitalicio y la consecuente despreocupación pecuniaria, tan celebrada por Virginia Woolf. Creo que este es el mayor de los escollos con los que cuenta todo aquel que quiera dedicarse a desarrollar una carrera artística. No sólo porque en nuestra sociedad no está suficientemente valorado el trabajo artístico, sino además porque entrar en el mercado artístico en muchas ocasiones conlleva una renuncia a la libertad creativa que puede ser todavía mucho más fulminante que lo anterior.

En ese sentido, muchos de los artistas que he mencionado, pienso ahora también en los hermanos M o en D, son una clara muestra de lo mucho menos que hace falta para vivir creando sin perder el tiempo ganando más dinero del necesario para subsistir. A todos ellos, que son para mí un referente por lo que respecta a la firme determinación de crear, les adjudicaría con mucho gusto una tía Mary Beton. Aunque en cierto sentido las ocupaciones remuneradas, unas más que otras, aportan algo más que dinero. Pienso por ejemplo en la labor docente. Con frecuencia he conversado con D sobre lo importante que es la posibilidad que nos brinda nuestro trabajo de relacionarnos con gente muy distinta y de qué manera esto se convierte en un estímulo para la propia creación.

Al final quería llegar al hecho de que la falta de tiempo ya no es un obstáculo, o un escollo, como nos gusta llamarlo a nosotras, reservado al género femenino. Esa falta de “largos espacios de tiempo ininterrumpidos” en mi generación, en el caso de quienes son como mis amigos o como los hombres y mujeres de mi entorno, no hace diferencias en cuanto al género. Pero, insisto, esto no es extensible al conjunto de la sociedad, conocemos numerosos ejemplos de parejas de corte victoriano por lo que respecta a roles masculinos y femeninos. […]

Tal vez de ahí el marcado carácter efímero de las manifestaciones artísticas actuales: arte portátil, arte postal, arte gesto, arte aquí y ahora, arte pequeño… Intervenciones fugaces, poemas, canciones, grafitis o escenas. Todo remite a obras que puedan ser ejecutadas en breves espacios de tiempo. Muchas de ellas brillan como estrellas, como las perlas que son. Resplandecen en su pequeñez, en su portabilidad, en su repercusión casi doméstica.

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