Escribir

[Enero de 2014. De cuando, no queriendo, hacía recuento de caja: Seis meses y nada. Sobre la dificultad de renunciar a un producto final y el valor propio de la escritura más allá de los resultados]

En la medida en que me doy cuenta de lo afortunada que soy al disponer de un tiempo propio para reflexionar, escribir, salirme del circuito cerrado en que suele convertirse la rutina y dejar que surjan ideas en una mente despejada, tiendo a sentirme en la obligación de que salga algo de todo esto. Este pensamiento precisamente me conduce a una reflexión que no quiero dejar de lado en ningún momento: lo que importa es el camino. Y en el caso concreto de la escritura lo que importa es escribir, no abandonar, seguir adelante con la práctica y valorar el propio proceso. Lo que tenía que suceder con la escritura ya está sucediendo. Debo aceptar que tal vez no vaya a haber más, es posible que nunca llegue a escribir cualquier otra cosa. Y no me refiero ya a un libro o a una novela propiamente dicha. Es posible que la escritura de cuadernos sea mi hábitat natural y no debería haber nada de malo en ello. Sin embargo, qué maravilla sería llegar a escribir algo que pudiera dar a leer. Cuentos, narraciones, algo que acabara leyendo un cierto número de gente, como decía Goytisolo, y que incluso lograra conectar con algunas de las personas que lo leyeran. Pienso bajito, para no abonar el terreno de una futura decepción, y no se lo cuento a nadie, para no generar expectativas que no voy a ser capaz de satisfacer. Escribo en este cuaderno que prácticamente es como dejar que la lluvia caiga.

Leo en La muerte del padre (otra vez Knausgard) que “escribir es sacar de las sombras lo que ya sabemos. De eso trata escribir. No de lo que ocurre allí, no de qué clase de actos se realizan allí, sino de allí en sí. Allí, ese es el lugar y la meta de la acción de escribir. ¿Pero cómo llegar a ese punto? (…) Llevaba varios años intentando escribir sobre mi padre, aunque sin lograrlo, seguramente porque ese tema se encontraba demasiado cerca de mi vida y por eso no se dejaba introducir de una forma distinta, lo que es en sí la condición de la literatura. Es su única ley; todo tiene que someterse a la forma. Si alguno de los demás elementos de la literatura, como el estilo, la intriga, la temática, son más fuertes que la forma, o someten a la forma, el resultado será flojo (…) La fuerza de la temática y del estilo ha de ser abatida antes de que pueda surgir la literatura. Es esta desintegración lo que llamamos escribir. Escribir trata más de destruir que de crear”. Más adelante continúa: “La sensación de que el futuro no existe, que sólo es un poco más de lo mismo, significa que cualquier utopía queda sin sentido. La literatura siempre ha estado emparentada con lo utópico, de modo que cuando lo utópico pierde su sentido, también lo pierde la literatura. Lo que yo intentaba y tal vez lo intentan todos los escritores era combatir la ficción con ficción. Lo que debía hacer era aceptar y animar el estado de las cosas, es decir, revolcarme en el mundo en lugar de buscar un camino para salir de él, porque de esa manera tendría sin duda una vida mejor”.

Esto me remite a una idea que leí en Nada se opone a la noche, de De Vigan y que también habla del sentido de la escritura: “En el fondo ignoro cuál es el sentido de esta búsqueda, lo que quedará de esas horas pasadas registrando cajas, escuchando cintas ralentizadas por el tiempo (…) Pero cuanto más avanzo más tengo la íntima convicción de que tenía que hacerlo, no para rehabilitar, honrar, probar, restablecer, revelar o reparar lo que sea, sólo para acercarme. Tanto por mí misma como por mis hijos quería volver al origen de las cosas. Y que de esa búsqueda, aunque fuese vana, quedase un rastro. Escribo este libro porque hoy tengo fuerzas para detenerme sobre lo que me atraviesa y a veces me invade, porque quiero saber lo que transmito, porque quiero dejar de tener miedo de que nos pase, sin pensar que algo terrible nos va a destrozar y que el dolor, siempre, nos esperará entre las sombras”.

En ocasiones tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo. Tan solo ensucio páginas, esbozo pensamientos imprecisos que no conducen a ninguna parte. Hace ahora seis meses que comenzó la vuelta a casa y no haber logrado materializar de ningún modo mi propósito es lo que alimenta cierta sensación de fracaso. Seis meses y nada, susurra una voz en el fondo de mi conciencia, amortiguada por un montón de pensamientos positivos que revisten las paredes de mi mente como lo hace el Álmax con el estómago. Y eso que cuando decidí reducir la jornada laboral ya me previne de estos males: no te pidas cuentas, no te marques objetivos, evita perseguir un fin en sí mismo. Esta vuelta a casa siempre quiso ser un ser y un estar pero en absoluto un hacer. ¡Qué difícil es detener la producción incluso cuando una se lo propone como objetivo! Es el signo de los tiempos, no sabemos estarnos quietas. Quisiera detenerme y ver la vida pasar. Dejar que fluya mientras la observo sin juzgarla (epok). Conjugo estos pensamientos con ese run run interior que dice: seis meses y nada. Tal vez se trata, simplemente, de que mis expectativas oscilan. ¡Es tan humano! Lo que hoy me vale y me colma, mañana se queda corto, es del todo insuficiente. Pero al final he de reconocer que estas dos mañanas libres de las que dispongo son vitales en el sentido más literal de la palabra. Tengo espacio para pensar y para digerir la vida. A veces me escapo de la ratonera y consigo pisar el mundo, o frecuento paraísos mentales que en una vida asfixiada por la rutina y el esfuerzo constante me estarían vetados. Tengo un pie dentro y un pie fuera del fango, parece lógico intuir que no voy a llegar demasiado lejos, pero al menos estoy a salvo de hundirme. Porque hay movimiento, hay vida.

8 Comentarios

  1. Ufffff muy guay. Es como si estuviesemos hablando entre birras y humo. Y la verdad es que es optimista, reflexivo y vital. Pero también duro. Pensar que el futuro es más de lo mismo o que aún queriendo observar con calma no podemos parar o a veces ni siquiera bajar el ritmo. Con lo que mola esa belleza calma de disfrutar inmersa en el momento y sobre todo pensar que el futuro depara aventuras inimaginables 🤩 pero si, mejor no esperar, así es más fácil sorprenderse 😄 Ya ves, apetece charlar. Me encanta 😍. Gracias por compartirlo 😘

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  2. Susana, muchas gracias por compartir estos cuadernos conmigo. Leyendo algunas de las entradas (me voy reservando una por desayuno) he recordado un libro que leí hace tiempo: If you want to write, de Brenda Ueland. Esta mujer, que dedico su vida a hacer telleres de escritura, defiende que todo el mundo puede escribir y explica el proceso mediante el que sus estudiantes encontraban su auténtica voz. Este fragmento me ha hecho recordar este libro. Creo que es un proceso que se puede generalizar a otros ámbitos. ¡Pero qué difícil y doloroso puede resultar! ¡Y qué emocionante!

    Muchas gracias por estos momentos de reflexión.
    Deseando leer más

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    1. Gracias a ti, Laura, por estar ahí y por tomarte el tiempo para leer y pensar conmigo. Este fragmento es antiguo (2014), mi proceso con la escritura ha ido evolucionando y cambiando, pero me sigue haciendo pensar, me remite a emociones que perduran y me acercan a la que fui y también a la que soy. Un abrazo grande.

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  3. Susana! Gracias! Por compartir este texto tan íntimo y honesto sobre la creación… O la vida misma. No sé, reconforta de algún modo saber que muchas personas tenemos los mismos conflictos, pensamientos, sensaciones… Lo has plasmado tan bien… Gracias!

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  4. Hace unos días leí tus reflexiones entre fogones y con móvil en mano. Al sobrevolarlo me iba posando sobre palabras clave como quien va saltando con facilidad una rayuela. Un ritmo perfecto. Hoy me he sentado para leerlo con más detenimiento. Me ha maravillado tu exposición ágil, intimista y sincera de las dudas, expectativas, alegrías y frustraciones que acompañan el proceso creativo. Muy especialmente me ha conmovido la sencillez con la que das nombre al deseo humano de permanencia y al miedo a la propia invisibilidad y al sinsentido de la vida. Muchas gracias Minima, yo no conseguiría nunca cristalizar en palabras pensamientos tan universales.

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    1. Hola, Andrea. Cuando reflexiono sobre el proceso creativo pienso también en ti y en todas las personas de mi entorno que tratamos de conjugar fogones y arte, los quehaceres de la vida cotidiana y nuestros impulsos creativos, la supervivencia en el sentido más pecuniario y en el ámbito más profundo y emocional. Aunque todo va ligado. Cómo me apetece una de nuestras charlas con té en tu mesa llena de colores y herramientas curiosas. Deberíamos crear algo juntas.

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