(fragmento)
Querida, Aire. En primer lugar, gracias por todo. Me gustaría explicarte lo que he pensado desde que te quedaste dormida para que entiendas mejor la decisión que he tomado. Anoche mientras recordábamos todos aquellos momentos de la infancia comprendí que llevamos juntas desde siempre. Posiblemente me conoces mejor que nadie. Por lo visto, estuviste a mi lado desde el principio: sosteniéndome cada vez que el suelo se movía bajo mis pies, mitigando mi ira cada vez que las circunstancias no acompañaban. Tal vez por eso, por mucho que trate de exponer mis razones, no creo que vayas a comprenderme: No voy a volver. Puede parecerte un acto irresponsable o una reacción absurda. Yo creo que la nuestra debía ser una vida buena, la verdad. Todas esas llaves que abren puertas. Los niños, las cartas, alguien que te espera al llegar a casa, tal vez con la cena hecha. También estoy convencida de que no hemos matado a nadie, eso lo dije sólo para pincharte. Estoy segura de que ninguna de las dos eligió conscientemente el olor a desinfectante, ni una habitación con vistas a un desierto. ¿Y nuestras voces, tú te reconoces? Lo que ahora me pregunto es por qué esta vida, por qué precisamente ésta y no otra. Dejo el bolso aquí, no necesito nada de lo que hay dentro. Ya he hablado con los del hostal y con la camarera, está todo arreglado. Voy a pedirte un último favor: no me busques. Para cuando leas esta carta, si es que te despiertas, estaré ya muy lejos. Evita entonces nombrarme, no le cuentes a nadie lo nuestro. Siempre tuya, Ana.

Cuento de Susana Heras para minimaLITERARIA. Ilustraciones de Ana Collado. Puedes acceder a la versión ilustrada por capítulos en minimaLITERARIA.
