(fragmento)
Hace por lo menos una semana que no te escribo. Estoy muy depre. Y tengo la sensación de que jamás voy a salir de este estado. Quería contarte la fiesta de Nochebuena, lo bien que lo pasamos, lo divertido que fue conocer a toda aquella gente tan dispar y exótica para mí, lo pedo que me puse por veinte euros… Los días que se sucedieron fueron mágicos. Estuvimos en casa de Nepal, bueno en la casa de su tía, que está en Benimaclet y es donde se ha hospedado todo este tiempo. Me pasé un par de días con la batamanta que me tocó en el sorteo puesta, haciendo papiroflexia y comiendo los deliciosos platos que él cocinaba para mí. Mi mejor fantasía hecha realidad. Luego llegó la Nochevieja y el día de Año Nuevo. Nunca imaginé que unos fuegos artificiales pudieran emocionarme hasta ese extremo. Todavía lloro cuando recuerdo el calor de su abrazo y las luces de colores derramándose tras las palmeras del Paseo de la Malvarrosa. A estas alturas ya te lo habrás imaginado. Tú, que me conoces mejor que nadie. Nepal se ha marchado. Él siempre supo que llegaría este momento más pronto que tarde, que es un concepto temporal que se maneja por estas latitudes pero que yo soy incapaz de comprender. Para mí, no sé, llámame loca, el tiempo se mide en horas, cada una tiene sesenta minutos. El día veinticuatro horas, la semana siete días y así sucesivamente. Sin embargo, todas estas cantidades han dejado de significar. Nada tiene medida, ni peso, ni esencia. Porque ya nada importa.

Cuento de Susana Heras para minimaLITERARIA. Ilustraciones de Ana Collado. Puedes acceder a la versión ilustrada por capítulos en minimaLITERARIA.

Buah, brutal! Este me encanta. Gracias
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Gracias a ti, siempre estás al otro lado del cuento.
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